El uso correcto de los fármacos
Claves para la eficacia del tratamiento
La prescripción
Situaciones de riesgo
Claves para la eficacia del tratamient
Cumplimiento e incumplimiento terapeútico
¿En qué condiciones se deben tomar los medicamentos?
Dosis y distribución
Cumplimiento e incumplimiento terapeútico
Introducción
Cuando no se cumple el tratamiento
¿Por qué no se cumple el tratamiento?
Olvido de dosis
Introducción
El término cumplimiento terapéutico hace referencia al grado de seguimiento que el paciente hace de la pauta terapéutica prescrita por el médico.
Las tasas de incumplimiento terapéutico varían de unos grupos humanos a otros. Existen diferentes estudios sobre el grado de incumplimiento y los resultados son muy variables: unos lo reducen al 10 por ciento, mientras que otros sitúan el incumplimiento terapéutico en el 90 por ciento. En lo que sí parecen ponerse de acuerdo es que los mayores grado de incumplimiento terapéutico se dan en los ancianos y en los niños.
Existe un tipo de incumplimiento denominado “inteligente”, que hace referencia al abandono del tratamiento por razones válidas. Otras veces se abandona sin causa justificada y también se da el incumplimiento involuntario y circunstancial (olvido de dosis).
Las causas de incumplimiento terapéutico son variadas, al igual que sus consecuencias.
Cuando no se cumple el tratamiento
Como todo aspecto relacionado con el consumo de medicamentos, también el no cumplir las pautas de tratamiento tiene sus riesgos, cuya gravedad es variable. A veces este incumplimiento es motivo de ingreso hospitalario.
Sería muy complejo relatar con detalle los problemas que puede acarrear el incumplimiento terapéutico de cada medicamento, pero sí puede ser ilustrativo exponer algunos de los casos más comunes:
- El abandono de un antihipertensivo puede desencadenar una crisis de hipertensión que precise un internamiento hospitalario.
- El suspender el tratamiento antibiótico antes de tiempo favorece que los gérmenes generen resistencias frente a esos medicamentos.
- El dejar de tomar una sustancia para disminuir los niveles de colesterol no producirá ningún síntoma a corto plazo, pero en el largo plazo puede ocasionar un infarto agudo de miocardio.
- La suspensión de una benzodiacepina para el tratamiento de la ansiedad puede provocar un síndrome de abstinencia.
- La suspensión de los inhaladores en el tratamiento del asma puede provocar una crisis asmática.
¿Por qué no se cumple el tratamiento?
Entre los factores que intervienen en el incumplimiento de las pautas terapéuticas que marca el médico, los expertos destacan:
- El propio tratamiento. La administración de muchos fármacos y con varias tomas diarias propicia ese incumplimiento, fundamentalmente porque existe más riesgo de olvido y de cansancio por parte del paciente. Por eso, la tendencia actual a usar fármacos de toma única diaria.
- La relación médico paciente. La empatía del médico, las explicaciones claras, detalladas y, si es posible por escrito, ayudan al cumplimiento terapéutico. La falta de confianza en el médico ayuda al incumplimiento.
- El tipo de enfermedad. Los enfermos psiquiátricos son reacios a seguir una pauta terapéutica, abandonando frecuentemente los tratamientos o reduciendo las dosis. Esta circunstancia se da tanto en los enfermos más graves como en los más leves.
- También el grado de incumplimiento se ha relacionado con un nivel socioeconómico bajo, así como un bajo nivel educacional. Sin embargo, en la actualidad no hay estudios concluyentes.
- Lo que sí está demostrado es que los pacientes que viven solos son más proclives a incumplir el tratamiento, al igual que los pacientes que sacan algún beneficio de su enfermedad (y, por tanto, no quieren curarse).
Olvido de dosis
Es un caso de incumplimiento terapéutico bastante frecuente en tratamientos largos, así como en aquellos que requieren varias dosis diarias.
Desde luego, olvidar una dosis es muy diferente al abandono total del tratamiento, y es posible que no tenga mucha trascendencia, pero aún así, el médico debe estar informado.
El riesgo que entraña el olvido de dosis dependerá del tipo de enfermedad y del tipo de fármaco. Por tanto, la pauta a seguir es siempre informar al médico.
¿En qué condiciones se deben tomar los medicamentos?
Los medicamentos que se administran por vía oral (boca) buscan el acceso a la circulación a través del aparato digestivo. Estos fármacos no sólo tienen que sortear las dificultades propias de esta vía (acción de los jugos gástricos, por ejemplo, que pueden reducir su eficacia), sino además, las que pueden derivarse de las condiciones de ingesta.
En este sentido, está muy extendida entre la población la creencia que los fármacos deben tomarse después de ingerir alimento. El razonamiento es que "hacen menos daño al estómago". Conviene aclarar, sin embargo, que cuando se experimenta un fármaco en pacientes se hace reduciendo al máximo las influencias externas: por ejemplo, con el paciente recién levantado y con el estómago vacío.
Así pues, la administración de fármacos con el estómago vacío suele ser la condición ideal de ingesta. Y es lógico que sea así, ya que muchos alimentos interfieren con los fármacos.
Por ejemplo, no se puede asociar tetraciclinas (un tipo de antibiótico) y leche, de la misma forma que no conviene mezclar flúor y leche, ya que pierden su efectividad. Lo mismo ocurre, siguiendo con ejemplos, con muchos preparados de hierro que precisan ser tomados en ayunas.
Hay otros fármacos que se toman 1/2 hora antes de comer, pues su efecto se basa en evitar la absorción de ciertas sustancias que llevan los alimentos. Por ejemplo, la administración de ascarbosa (un antidiabético) antes de comer disminuye la absorción de azúcares en diabéticos.
Esa es la norma general. No obstante, puede haber fármacos que sí requieran ser ingeridos después de las comidas, como los antiácidos. Asimismo, los antiinflamatorios no esteroideos tomados con los alimentos disminuyen la irritación de la mucosa gástrica. Y en algunos casos sucede que determinados alimentos favorecen las absorción de algunos fármacos (como la lovastatina, indicado para bajar altos niveles de colesterol).
Por lo tanto, ante la duda, es importante preguntar al farmacéutico o al médico si el fármaco requiere de algunas condiciones especiales de ingesta.
Dosis y distribución
Una vez realizado el diagnóstico y elegido el tipo de tratamiento a seguir, el siguiente paso para que éste sea eficaz es el diseño de la pauta terapéutica y el ajuste de dosis.
El médico es quien establece la pauta con que se administra un fármaco, que va ajustada a las características del paciente. Esta pauta es diseñada teniendo en cuenta una serie de parámetros, como son:
El tiempo que el fármaco permanece activo en el organismo. Cuando se vaya eliminando habrá que administrar otra dosis. En función de esta circunstancia se indica que un fármaco se administre cada 24 horas, cada 8 horas, etc.
- La cantidad de medicamento que se va a administrar, es decir, la dosis. De la dosis fijada va a depender el efecto terapéutico y tóxico del fármaco.
- La vía de administración y la fórmula. En función de ambas va a variar la biodisponibilidad del fármaco, es decir, su capacidad para llegar al torrente sanguíneo.
- El tiempo que durará el tratamiento.
- Factores dependientes del paciente: edad, peso, sexo, enfermedades concomitantes.
- Factores dependientes del fármaco: tolerancia, toxicidad, interacciones medicamentosas, mecanismo de actuación, dosis mínima terapéutica, etc.
Para ilustrar, unos ejemplos:
- Para un dolor agudo el médico puede dar la siguiente pauta: Paracetamol 500 mg. vía oral cada 8 horas durante 1 semana.
- Pauta para un infartado: atenolol 50 mg. vía oral cada 24 horas de forma indefinida hasta próximo control.
En la mayoría de los casos se calcula una pauta aproximada. A veces se inicia con la dosis mínima eficaz y se va aumentado hasta alcanzar la acción terapéutica. En otros casos se da una dosis elevada para alcanzar lo antes posible el efecto terapéutico. También hay casos que se miden los niveles en sangre del fármaco y, dependiendo de los mismos, se va ajustando la dosis.
La prescripción
Introducción
El prescriptor es el médico
El papel del farmacéutico
El papel del paciente
Introducción
Los expertos insisten en que todos los medicamentos deben ser prescritos por el médico y dispensados por el farmacéutico.
Bien es verdad que todos los medicamentos se han de vender en farmacias, pero también es cierto que existen fármacos destinados a hacer frente a los llamados síntomas menores (dolores leves, por ejemplo) que no necesitan receta médica.
Y por otro lado, hay fármacos que, aun dispensándose con receta, pueden adquirirse en la farmacia sin ningún problema. En definitiva, el consumo de medicamentos gira en torno a tres actores: médico, farmacéutico y usuario.
Veamos qué papel debe desempañar cada uno.
El prescriptor es el médic
El médico es el único profesional de la salud con poder para prescribir un determinado medicamento. Para ello ha de barajar un buen número de variables:
- Características propias del sujeto: edad, sexo, peso...
- Existencia de posibles embarazos
- Estado de salud del paciente: existencia de enfermedades crónicas.
- Si tiene antecedentes de reacciones adversas a medicamentos, intoxicaciones, etc.
- Si el paciente toma otros fármacos que puedan interferir con la prescripción actual.
- Qué tipo de actividad diaria lleva el sujeto: trabajo que desempeña, horarios, etc.
- Valoración del nivel cultural del sujeto y de su capacidad mental.
Todas esas cuestiones deben estar presentes en el médico antes de prescribir un fármaco.
Ahora bien, la función del médico no termina con la extensión de la receta. También debe facilitar información sobre la dosis, número de tomas, intervalo entre las mismas, condiciones especiales de administración (ayunas, disuelto en líquido, antes de las comidas, etc.) y tiempo que durará el tratamiento.
Asimismo, el médico debe realizar los controles que sean necesarios. Hay fármacos que precisan ser monitorizados en sangre.
Otro aspecto que debe dejar claro al paciente es el relativo a los efectos secundarios de los fármacos. Debe informar sobre ellos para que éste los reconozca en caso de que surjan. E igualmente importante es que el médico dé pautas sobre cómo actuar ante la aparición de esos efectos secundarios.
Es fundamental que el médico disponga de una historia clínica actualizada y bien documentada en la que queden reflejadas informaciones relativas a tratamientos que ha seguido el paciente y las posibles reacciones adversas que puede sufrir por efecto de algún fármaco.
El papel del farmacéutico
Este profesional no sólo es el encargado de dispensar los medicamentos, sino que es un elemento de apoyo y de información que puede resultar de gran utilidad al paciente.
Sólo en las oficinas de farmacia se pueden dispensar medicamentos, y muchos de ellos no necesitan receta médica. No cabe duda de que los fármacos destinados a los síntomas menores evitan la saturación de las consultas médicas. Pero también es cierto que en demasiadas ocasiones esa automedicación dista mucho de ser responsable.
Puede que el paciente no visite al médico por un dolor leve de cabeza, pero sí acude a la farmacia para adquirir un analgésico. Y hay que recordar que ningún medicamento es inocuo. Aquí el farmacéutico debe jugar un papel clave en la orientación al paciente. Contraindicaciones, efectos secundarios, dosis... el farmacéutico está capacitado para atender este tipo de demandas.
Por otro lado, el farmacéutico puede jugar un importante papel al insistir en la dosis y la periodicidad de las tomas. E igualmente, cuando el usuario no es capaz de descifrar las instrucciones, este profesional puede aportar soluciones.
Hay farmacéuticos que elaboran fichas técnicas sobre los medicamentos que toman sus clientes y esto puede ayudar a detectar posibles incompatibilidades. Por eso es recomendable ir siempre a la misma farmacia.
No hay que molestarse si el farmacéutico se interesa por el motivo que ha llevado al médico a prescribir un determinado medicamento, pues puede ayudar para comprobar las pautas de prescripción.
Hay que tener en cuenta que un fármaco puede usarse para diferentes dolencias y depende del motivo de prescripción puede variar la dosificación.
Y otra capacidad más del farmacéutico es la de poder sustituir un medicamento, como ocurre en España el caso de los medicamentos genéricos. Si el médico receta un medicamento con marca comercial, puede ocurrir que cuando el usuario vaya a la farmacia, el farmacéutico le informe de que ese medicamento tiene un genérico, es decir, que existe un medicamento que contiene el mismo principio activo que el recetado por el médico.
Incluso el farmacéutico puede sustituir el medicamento recetado por otro que haya sido autorizado por las autoridades sanitarias y que sea bioequivalente. Eso sí, para que el medicamento de marca pueda ser sustituido por otro que se ajuste al precio de referencia, tiene que existir un medicamento genérico.
El único límite a la sustitución de las medicinas por el farmacéutico se da cuando el médico justifica con un informe que hay razones de alergia, intolerancia u otra incompatibilidad del paciente a los excipientes del medicamento genérico.
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El papel del paciente
Es bastante frecuente que un paciente realice su propio diagnóstico y proceda a su propia prescripción.
Cierto es que la automedicación para síntomas leves contribuye a mantener la calidad de la asistencia evitando saturaciones innecesarias en los servicios de salud. Pero no es menos cierto que esa automedicación dista, en muchas ocasiones, de realizarse de forma racional y de contar con todas las garantías: al eludir el consejo del experto (médico o farmacéutico), nadie puede advertir al paciente de los riesgos que puede entrañar su conducta. Por eso, todos los expertos insisten en señalar que no existen fármacos inocuos y que todos deben ser prescritos por el médico y dispensados por el farmacéutico. Ahora bien, el paciente tiene asimismo una gran importancia en este proceso.
El papel del paciente
El paciente tiene mucho que decir y que hacer para conseguir un uso adecuado de los medicamentos:
- En primer lugar, informar al médico de la medicación que está tomando y de la que ha tomado en el último mes.
- Seguir las instrucciones adecuadamente: dosis, horario, condiciones especiales de administración.
- Comunicar cualquier posible alteración achacable al fármaco.
- Preguntar cualquier duda que tenga al médico e insistir si no entiende algo.
- No abandonar el tratamiento sin consultar con el médico.
- Intentar memorizar los medicamentos que toma y si no es posible, elaborar una pequeña hoja con la medicación que toma: para qué se la administra, las dosis, etc.
- Informar al médico si alguna vez ha padecido algún problema con un fármaco.
- Si el tratamiento es crónico, no esperar al último día para que le renueven la medicación. Situaciones de riesgo
Grupos de riesgo
Mujeres embarazadas
Mujeres en periodo de lactancia
Bebés y niños
Ancianos
Pacientes con insuficiencia renal
Pacientes con insuficiencia hepática
Actividades de riesgo
Grupos de riesgo
No hay medicamento inocuo. Como se expone más detenidamente en el capítulo Toxicidad de los fármacos, todo fármaco genera una serie de efectos añadidos a los que de él se esperan cuando son administrados.
En realidad, esos efectos no deseados son una ampliación de sus efectos terapéuticos, y su naturaleza, gravedad y alcance son variables.
Entre las causas más importantes de esa toxicidad están:
- El exceso de dosis
- Una gran hipensensibilidad del organismo del paciente (que genera reacciones alérgicas)
Las interacciones con otros medicamentos o los llamados efectos secundarios
Todas las personas están expuestas a estos riesgos, pero hay casos en que la vulnerabilidad es mayor. Son los llamados grupos de riesgo: bebés y niños, embarazadas y mujeres en período de lactancia.
Asimismo, las personas que desarrollan trabajos de alto riesgo (chóferes, manipuladores de maquinaria peligrosa, etc.) han de extremar las precauciones con la ingesta de medicamentos.
Mujeres embarazadas
En los embarazos, los fármacos pueden atravesar la placenta y penetrar en la sangre del feto. Ciertos medicamentos, cuando son tomados durante los tres primeros meses del embarazo, pueden interferir en el desarrollo del feto y causar anormalidades. Estos fármacos se denominan teratógenos y a los efectos mencionados sobre el feto se los conoce como efectos teratogénicos, y afectan al desarrollo de los órganos, pudiendo dar lugar a malformaciones congénitas.
De esta etapa (los tres primeros meses de gestación), sólo el periodo que va desde la concepción hasta la implantación (unas dos semanas) tiene un riesgo menor, ya que todavía no existe unión circulatoria entre la madre y el feto.
Los medicamentos teratógenos están claramente reconocidos, pero siempre hay que tener precaución con la ingesta de fármacos en los primeros meses de embarazo, ya que no existe ningún medicamento que esté libre de sospecha en esa etapa temprana de la gestación.
Durante el segundo y tercer trimestre de embarazo, los fármacos pueden afectar al crecimiento y desarrollo funcional del feto o inducir efectos tóxicos sobre sus tejidos, lo que puede interferir en el futuro desarrollo del bebé. Además, a los médicos les resulta difícil valorar si la anormalidad de un bebé se debe al efecto de un fármaco en particular o a otros factores. Por tanto, la mejor recomendación es la precaución.
También la ingesta de medicamentos en la fase final de la gestación o durante el parto puede ocasionar problemas, tanto en el momento del parto como en el recién nacido.
Advertencia
Hoy día todos los medicamentos llevan la advertencia sobre su administración en las embarazadas. Y siempre, en este estado, hay que consultar con el médico antes de tomar cualquier medicamento, ya sea con o sin receta. Esta consulta es incluso obligatoria antes del embarazo, es decir cuando ya se ha planificado traer una criatura al mundo. En este sentido, las precauciones hay que tenerlas también en la administración de vitaminas, pues no siempre están exentas de riesgo. Porque si bien es cierto que el ácido fólico sí es beneficioso, también lo es que una dosis alta de vitamina A puede afectar al feto y causar anormalidades.
Casos especiales
Casos especiales son las mujeres que padecen una enfermedad crónica, como la diabetes o la epilepsia, en las que el tratamiento farmacológico es esencial durante el embarazo. La consulta con el médico antes del embarazo es imprescindible para la planificación de una gestación sin riesgos.
Y no está de más recordar en este capítulo que el tabaco y el alcohol pueden afectar negativamente al desarrollo del feto.
Mujeres en periodo de lactancia
Casi todos los medicamentos pasan a la leche materna en mayor o menor medida. Teniendo en cuenta que un lactante consume diariamente entre 500 y 700 cc de leche es lógico prever que la medicación de la madre puede tener efectos farmacológicos en el bebé, ya sean efectos tóxicos o sin toxicidad.
El riesgo va a depender de la cantidad de fármaco que el niño ingiera, de la concentración final del medicamento en el plasma del lactante y los efectos del fármaco a esas concentraciones. Hay que tener presente que una determinada concentración del medicamento puede ser tóxica para el niño aunque la madre se esté administrando una dosis adecuada. Y en determinados casos, sucede también que algunos fármacos suelen concentrarse más en la leche materna.
Hay que destacar también que existen medicamentos que pueden inhibir el flujo de leche.
eamos algunos ejemplos de los efectos que la medicación en mujeres lactantes puede ocasionar en los bebés
- Los antibióticos pueden, al menos en teoría, causar una reacción alérgica, aunque la concentración del fármaco se baja en la sangre del niño.
- Los tranquilizantes pueden hacer que el bebé sea más apático y resulte más difícil alimentarlo.
Como siempre, la mejor norma es la precaución. A no ser que sea necesario, siempre es mejor no tomar medicamentos mientras se esté dando el pecho al niño. Y en cualquier caso, todo medicamento debe contar con la consulta previa al médico o al farmacéutico.
Campaña 2005: Salud mental en niños y adolescentes
Bebés y niños
El organismo de bebés y niños está todavía en proceso de maduración. No sólo el tamaño del cuerpo ya marca una diferencia significativa a la hora de administrar fármacos, sino que además, muchos órganos vitales todavía no tienen sus capacidades al cien por cien, lo que afecta, por ejemplo, al proceso de eliminación de los medicamentos. En definitiva, la primera infancia es una etapa de especial vulnerabilidad a la acción de los fármacos.
Edad y envergadura
La edad y la envergadura del cuerpo están relacionados con la cantidad de dosis que necesitan, mientras que el desarrollo de sus órganos (hígado y riñones, fundamentalmente) tiene mucho que ver con las reacciones adversas que pueden derivar de la administración de fármacos. Reacciones que en el organismo del adulto es más difícil que ocurran
Por ejemplo, las sustancias que se administran para el vómito pueden causar en los niños algunas alteraciones en el sistema nervioso, provocando rigidez, convulsiones o alteraciones en la marcha.
Estos efectos pueden presentarse también en los adultos, pero en menor proporción. Otros fármacos proclives a causar efectos no deseados en niños y bebés son la pseudoefedrina (descongestivo para resfriados) que puede producir trastornos del sueño. Y también algunos fármacos para el tratamiento de resfriados y tos llevan antihistamínicos que pueden afectar a la coordinación y al equilibrio del niño.
Enfermedades más comunes
Las enfermedades más comunes de la infancia son los resfriados, las gastroenteritis y las afecciones de la piel. Estos procesos, en general, se curan con tratamientos sencillos, como jarabes con paracetamol para aliviar el malestar y bajar la fiebre.
En este sentido, hay que desterrar la idea de que los resfriados se tratan con antibióticos: los resfriados están producidos por virus, mientras que los antibióticos sólo actúan contra las bacterias.
Otra cosa es que el médico detecte la existencia de una infección bacteriana secundaria a un resfriado. Sólo en estos casos sí están indicados los antibióticos, pero ha de ser el médico quien los prescriba en base a su criterio de experto.
Ancianos
La medicación en los ancianos exige una atención especial, ya que este grupo presenta algunas características especiales que se derivan, por ejemplo, de la capacidad de respuesta del organismo, de la aparición de mayor número de enfermedades, de la dificultad de diagnosticar y separar la enfermedad de los procesos propios de la vejez, de las condiciones psíquicas del anciano, etc.
Respuesta del organismo
La edad es uno de los factores que influye en la respuesta del organismo a los fármacos. Los mecanismos de eliminación de los medicamentos (hígado y riñón, fundamentalmente) suelen perder eficacia, lo que aumenta el riesgo de toxicidad.
Asimismo, el cerebro y el sistema nervioso se hacen más susceptibles a los fármacos. Y también es frecuente que el sistema inmunológico haya sufrido algún tipo de disfunción que merme su misión protectora, de tal manera que un tratamiento farmacológico venga a provocar una respuesta poco habitual. En este sentido, también hay que tener en cuenta que algunos fármacos pueden producir en el anciano efectos secundarios que se confundan con algún tipo de dolencia.
Con la edad suelen ir apareciendo o agravándose dolencias de tipo cardíaco, la hipertensión, las enfermedades nerviosas, reumáticas y las digestivas. Además, muchas de ellas son o se han hecho crónicas a lo largo de su vida lo que les ha expuesto y les expone a tratamientos farmacológicos largos y, a veces, continuos. En este sentido, es posible que el especialista no puede tratar al mismo tiempo todas las enfermedades concomitantes que presente un anciano porque sus tratamientos sean incompatibles entre sí. En estos casos, el especialista tendrá que establecer un orden de prioridades.
Incremento
Así, el consumo de medicamentos aumenta sustancialmente entre los 65 y 80 años de edad. Como media, este grupo de población suele tomar tres veces más medicamentos con receta que las personas más jóvenes. Y, evidentemente, a mayor administración de fármacos, mayor es la posibilidad de que surjan los efectos no deseados como interacciones farmacológicas y otros efectos secundarios.
Por tanto, y en general, las dosis deben variar con respecto a las estipuladas como normales para un adulto, ya que pueden resultar excesivas.
Otro factor a considerar es que el organismo cambia con la edad, de tal modo que sus mecanismos reguladores del cuerpo, como el control de la temperatura o de la tensión arterial, por ejemplo, se hacen menos eficaces. Esta circunstancia no puede considerarse como dolencia, sino como parte del proceso de envejecimiento normal.
Distintos proceso
No obstante, en ocasiones existe dificultad en separar estos procesos de lo que realmente son enfermedades y, como consecuencia, el anciano puede estar tomando fármacos para combatir enfermedades que no tiene. Además, y como se ha dicho antes, otra confusión puede surgir de los efectos secundarios que un medicamento puede causar en el anciano; efectos que pueden tomarse erróneamente como síntomas de enfermedades.
Por ejemplo, la clorpromazina, que se utiliza para tratar cierto tipo de vértigos y mareso, puede provocar confusión mental y síntomas similares a los de la enfermedad de Parkinson (movimientos incontrolados, especialmente de la cara, rigidez y temblores).
Otro riesgo más para el anciano es el posible deterioro de sus facultades mentales, lo que puede repercutir, entre otras cosas, en el olvido de dosis o en un mal seguimiento de los tratamientos farmacológicos.
Pacientes con insuficiencia rena
Si tenemos en cuenta que la mayoría de los fármacos se eliminan por el riñón (tanto de forma activa como inactiva), la alteración de la función renal alterará los mecanismos de eliminación de los medicamentos. De ahí que los fármacos administrados a personas con insuficiencia renal crónica produzcan mayor número de reacciones adversas que en las personas normales.
Por otro lado, los enfermos con insuficiencia renal crónica tienen una alteración en el ph gástrico provocado por la elevación de la urea en sangre. Estas alteraciones en las condiciones gástricas provocan modificaciones en la absorción de los fármacos. No obstante, este fenómeno casi ha desaparecido en la actualidad debido a los métodos actuales de diálisis.
Alternativas
La dificultad para la eliminación puede provocar el acúmulo de fármaco tanto activo como inactivo en sangre y puede provocar efectos tóxicos. En estos casos, y para mayor seguridad, es preferible que los fármacos que se administren sean de los que se eliminan a través del hígado. Si esta alternativa no es posible, lo que hace el médico es disminuir la dosis o distanciar las tomas para evitar el acúmulo del fármaco.
Con algunos fármacos se pueden medir niveles en sangre periódicamente para asegurarnos que no estamos en niveles tóxicos. También se pueden realizar cálculos matemáticos teniendo en cuenta los niveles de aclaramiento de la creatinina (la creatinina es una sustancia del metabolismo celular que se elimina por el riñón; analizando el funcionamiento de este proceso se obtiene una referencia válida del funcionamiento del riñón). Y también para estos casos de insuficiencia renal existen tablas de dosificación de algunos fármacos.
Información
En este sentido, conviene insistir una vez más en que el paciente ha de proporcionar al especialista (médico y farmacéutico) la mayor información posible sobre su estado de salud, sobre todo cuando, por la circunstancia que sea, se recurra a médicos o farmacéuticos no habituales.
Pacientes con insuficiencia hepática
En el hígado se metabolizan y se eliminan muchos medicamentos, por lo que un fallo en éste órgano tendrá una repercusión directa en dichos procesos.
A diferencia de lo que ocurre con el riñón, con el hígado no hay parámetros tan precisos que midan el grado de insuficiencia hepática y que, por tanto, permitan al médico ajustar la cantidad de fármaco a utilizar. Aunque sí se manejan algunos parámetros, éstos son más bien orientativos, como la tasa de albúmina en sangre y una prueba de coagulación llamada índice de protombina, la cual está disminuida en los pacientes con insuficiencia hepática.
En estos casos de insuficiencia hepática puede suceder también que la acción farmacológica de algunos medicamentos pueda verse aumentada, sobre todo, la de aquellos fármacos que actúan sobre el sistema nervioso central, favoreciendo así la aparición de encefalopatía hepática. Y lo mismo sucede con algunos diuréticos.
Precauciones especiales
Por tanto, con los pacientes de insuficiencia hepática, el especialista suele seguir una serie de precauciones especiales, como por ejemplo:
- Evitar al máximo los fármacos hepatotóxicos, es decir, susceptibles de causar daño al hígado.
- Escoger fármacos que se eliminen por otra vía que no sea el hígado; por ejemplo, el riñón.
- Vigilar estrechamente la posible aparición de efectos adversos.
- En los casos que sea posible medir los niveles del fármaco en sangre para evitar la aparición de niveles tóxicos.
Actividades de riesgo
Todo medicamento que tenga efectos sobre el cerebro o el sistema nervioso puede afectar al desarrollo de actividades que requieran juicio y coordinación. En general, las personas que tengan que tomar decisiones rápidas o que necesiten un alto grado de coordinación son las más expuestas a ver mermada su capacidad por la acción de este tipo de fármacos.
Trabajadores de la construcción (especialmente aquellos que afrontan situaciones de riesgo, como trabajar en altura o manejar instrumentos peligrosos, por ejemplo), operadores de maquinaria (ebanistas, torneros, fresadores, mecánicos, etc.), pilotos, trabajadores de los servicios de emergencias (bomberos, ambulancias, etc.) y de seguridad, conductores, etc.
Conducción
En este sentido cabe destacar que la conducción de un vehículo, aunque sea de manera particular y por un tiempo breve, es también una actividad de riesgo que se agrava con la administración de esos medicamentos que limitan los reflejos. De hecho, en España se considera un delito llevar un vehículo cuando la ingestión de medicamentos deteriora la capacidad para conducir.
Con estos medicamentos que actúan sobre el cerebro y sistema nervioso, los primeros días de tratamiento son los más peligrosos, ya que todavía se desconoce el alcance de los efectos secundarios. Aunque a veces el organismo se vuelve tolerante a los efectos de algunos fármacos, lo recomendable es esperar a estar seguro de la reacción al medicamento.
También hay medicamentos que no afectan al cerebro y sistema nervioso, pero que merman la capacidad de reacción del organismo, por ejemplo, afectando a la visión (como ocurre con las gotas para el glaucoma), o provocando reacciones incontrolables, como náuseas o vértigo (en situaciones de riesgo puede suponer un peligro).
Otros ejemplos de situaciones críticas en este sentido son:
- El "efecto resaca" del día posterior a la ingesta de somníferos. Suele aparecer sobre todo en las personas mayores y pueden afectar a los reflejos.
- Los anestésicos generales necesitan, como mínimo 24 horas de seguridad después de su administración.
- Los pacientes diabéticos deben tener la previsión de llevar a mano algo de azúcar (o algún tipo de alimento fácilmente digerible) cuando vayan a conducir. Los episodios de hipoglucemia al volante pueden resultar fatales.
- Los medicamentos que contienen antihistamínicos y descongestivos pueden producir somnolencia y confusión, por lo que conviene extremar la precaución, sobre todo, porque están contenidos en muchos medicamentos que se dispensan sin necesidad de receta médica, como por ejemplo, los fármacos para bajar la fiebre y para calmar la tos o los utilizados para descongestionar las vías respiratorias en un resfriado.
Evitar riesgos
Para evitar riesgos que vayan más allá de los necesarios, las personas con actividades como las mencionadas en este apartado deben tener al médico o farmacéutico al corriente de las mismas, así como consultar con estos profesionales antes de administrarse algún fármaco por su cuenta.
Campaña 2005: Salud mental en niños y adolescentes
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